Óscar Puente: “Sois valiosas por ser quienes sois, no por ser hijas, ni madres, ni mucho menos por ser parejas de nadie, sino por vosotras mismas”

Bienvenidas y bienvenidos a este acto institucional en conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Un 8 de marzo muy especial.

Y gracias a los miembros de la Escuela Municipal de Música “Mariano de las Heras” por hacernos disfrutar con sus interpretaciones.

La igualdad es una aspiración que no incumbe sólo a los poderes públicos, sino que atañe al conjunto de la sociedad. A pesar de los avances logrados tras décadas de intensa reivindicación y del aumento de la sensibilidad social en esta materia, hay signos alarmantes de involución durante estos últimos años, produciéndose un rebrote de actitudes y comportamientos machistas que estábamos en el buen camino de superar para siempre.

Los efectos más brutales de esta anquilosada mentalidad siguen poniéndose tristemente de manifiesto en la cifra de víctimas de asesinatos, de casos de violencia de género, de tantos infiernos de maltrato, de familias destrozadas y de vidas rotas. Pero, también, de una forma más extendida, en las variadas formas de discriminación hacia las mujeres en múltiples facetas de la vida, entre las que destaca la laboral. Tal es así, que en pleno siglo XXI, en un Estado democrático y de derecho como el nuestro, ser madre todavía conlleva, en no pocas ocasiones, un coste de aplazamientos o renuncias profesionales que no acarrea el ser padre.

A las penalizaciones y desventajas históricas que padecen las mujeres vienen a unirse los efectos causados por la crisis económica, que las castiga especialmente. Ellas son quienes sufren con más rigor el desempleo, las que realizan trabajos más precarios y cobran menos que los hombres a pesar de desempeñar puestos con semejantes responsabilidades. Ven así cómo se les vuelve a allanar el retorno al hogar, cómo se las insta a que sigan asumiendo, casi aún en exclusiva, la carga de su sostenimiento y el cuidado de menores y mayores. A consecuencia de ello disponen de menores prestaciones sociales, pensiones más bajas, viendo aumentada su dependencia económica y su riesgo de exclusión o pobreza.

No podemos permitir, como sociedad, que esta injusta realidad se convierta en crónica, y hemos de impedir que sea asumida como natural por la siguiente generación porque no lo es. Para avanzar con pasos largos y firmes hacia la verdadera igualdad es clave que mujeres y hombres rememos con la misma convicción y en la misma dirección.

La educación en igualdad, procurando hacer de ella ejemplo, no sólo es el mejor catalizador para el cambio de mentalidad, sino también la vacuna más eficaz contra discriminaciones de todo tipo.

En el máximo ejercicio de sus competencias, el Ayuntamiento está volcado en la lucha por la igualdad real y por hacer de Valladolid una ciudad de talante ejemplar. Los servicios municipales atienden a víctimas de violencia de género, acaba de abrir sus puertas el nuevo Centro Municipal de la Igualdad y distintos planes están en marcha. Pero todo esto, aun siendo necesario, es insuficiente. La causa que defendemos requiere la complicidad de toda la ciudadanía de Valladolid, a la que hoy me dirijo.

A quienes más afecta esta injusticia, la mayoría de la población, las mujeres: os pido que no deis un paso atrás. Que os afanéis por empoderaros desde niñas. Sois valiosas por ser quienes sois, no por ser hijas, ni madres, ni mucho menos por ser parejas de nadie, sino por vosotras mismas. Que levantéis la voz para reivindicar vuestros derechos y luchéis por alcanzar vuestros sueños sin tener que renunciar a nada. Y si lo necesitáis, denunciéis. Porque os queremos vivas y os queremos libres.

A los hombres: que además de hablar de la igualdad, la practiquemos cada día. Que tengamos el valor de devolver a las mujeres esas parcelas de comodidad que tradicionalmente se les ha empujado a regalarnos. Que seamos consecuentes con las corresponsabilidades que voluntariamente decidimos asumir, que no son subsidiarias ni delegables. La igualdad efectiva depende mucho de nosotros.

A las instituciones y empresas: que inviertan en sus recursos humanos en igualdad de condiciones sin distinción de género. Que paguen el mismo salario justo por el mismo trabajo, que fomenten tanto la paternidad como la maternidad, que en ningún caso penalicen la natalidad y que faciliten la conciliación.

Y a todas las vecinas y vecinos de Valladolid, que dais ejemplo de civismo y solidaridad a la mínima ocasión, con el orgullo colectivo que ello nos produce. Que se note, hoy y siempre, que vivimos en una ciudad que, habiendo sido precursora en la defensa de los derechos humanos, sigue dando ejemplo de sensibilidad casi cinco siglos después de celebrarse la Controversia de Valladolid, esta vez en defensa de la igualdad.

No miremos nunca para otro lado. No toleremos ni justifiquemos el machismo. No nos callemos ante él y no riamos sus gracias, porque no las tiene. El feminismo es Igualdad. Igualdad. Ni más ni menos.

Hoy más que nunca, feliz y reivindicativo 8 de marzo.

Muchas gracias.

 

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